Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —¡Escápate! —Daba a entender con sus ademanes de consejo—. No seas zonza. Escápate de puntillas, apenas él se descuide. SÃ. Sà puedes. De puntillas… Escápate… No hay más que un paso al corredor… Si fuese más lejos… Pero, de un salto… ¡salvada! Apúrate nomás. Nadie te está viendo… Pronto…
Pero asà son las cosas. Adelaida no se fijó en su hermanito. ¡Pobre hermana! Si se hubiese dado cuenta de cuanto le advirtió Santiago… Pero asà son las cosas. Ella, desgraciadamente, no lo vio.
—¡Yo no sé qué le pasa! —SeguÃa sollozando Adelaida—. ¡Hace ya tiempo que está asà conmigo!
Otra vez morÃan sus palabras en apasionado lloro.
Santiago, de pronto, secó sus lágrimas con el dorso de la leñosa muñeca y con el extremo de manga desgarrada. No habiendo sido advertido aún por Balta, se irguió ahora en un perfecto ademán adulto y tosió. No podÃa soportar. Acercóse ruidosamente más al quicio. Dijo, como quien no sabe nada de lo que ocurre:
—¿Qué haces, Adelaida? ¿Buscas tu rueca? Yo no la he visto desde el otro dÃa…
Nadie hizo caso al arrapiezo.
—¿No ha llegado todavÃa don Balta? ¡Pobrecito! Si lo habrá agarrado el aguacero…