Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Paró el oído y solo a intervalos oía, por el lado de la zahurda, el gruñido de algún cerdo maltratado por los otros. No se movió de su sitio Santiago. Estaba con el cuerpo helado. Empezó a poseerle un terror infinito. Recordaba a su hermana bañada en lágrimas, a su marido colérico, estúpido… ¿Cómo se quedó dormido? El frío, el reposo mortuorio de la noche, la soledad de la casa, la inquietante ausencia de la hermanita querida… Hacia esfuerzos para no soltar el llanto, pues que si lloraba experimentaría más miedo y su desesperación ya no tendría límites.
Hizo un esfuerzo de valor y tentó la puerta del cuarto. La halló abierta de par en par. Volvió a llamar. ¡No le contestó ni el más leve rumor o seña de vida!
—Adelaaaaida… Adelaidiiiiiitaaa…
Un calofrío glacial recorría su epidermis, de cabeza a pies. Un ruido producido muy cerca de él le hizo dar un salto. Fue un terrón que cayó de la tapia. Santiago se bañó de un sudor frío. Empezaban a distinguir sus pupilas, aguzadas por la desesperación, aquí y allá, sombras, bultos que se agitaban y poblaban en cerrada muchedumbre los corredores y el patio. Hasta el cielo aparecía completamente negro. Pronto empezaría a llover.