Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Al desaparecer los últimos soldados en el fondo de la ciudad, los obreros de la fortaleza los vieron, embargados de extraña indiferencia. No sonó un aplauso, ni un grito de entusiasmo. Las mujeres y los niños, asomados a las puertas, contemplaban fríamente a los guerreros. Algunas mujeres atravesaron la calzada y dieron a beber al pariente que volvía, unos tragos de chicha o llevaron a su boca un poco de cancha y ocas dulces. Mudos estaban los heraldos. En lugar del hailli de victoria, llenaba las bocas un turbio silencio. Cuando el ejército cruzó delante del templo de las escogidas, en el Hanai-Cusco, una anciana se puso a llorar.
A lo lejos, vibraron las trompas bélicas, al penetrar el ejército a la Plaza de la Alegría. Eran apagados aullidos de unos clarines hechos de cráneos de perros, cazados a los enemigos. A la dentadura de estos cráneos venían atadas sonoras sartas de dientes de monos del norte, de modo que, al agitarse el aire y jugar en el bárbaro instrumento, se oía un chillido calofriante y famélico… Al oírlos ahora, la ciudad Te arrebujó en lástima y silencio.