Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Ticu la observó de pies a cabeza y volvió los ojos al estanque, rodeado de molles florecidos, que azulaba en el patio, en la mañana clara. Quedose así inmóvil un instante, perfilado sobre el blanco estucado del muro. En las comisuras de sus labios prognaticios se habían detenido espumarajos, resecos por la fiebre. Por allí se entreveía, clavados en la mandíbula inferior, un par de incisivos retorcidos y amarillos, por toda dentadura.
—¡Eres un sicofante! —le dijeron.
Toda la cordura humana asomó a las pupilas del monstruo, de un golpe. Su rostro se reorganizó, despejándose e iluminándose. Su nariz adquirió el ademán de levantarse, sus belfos presentaron gesto y hasta sus orejas se asomaron a ver mejor el resto de la máscara. Miró el chuco, de uno en uno, a los guardias y a la vieja. Les miró a la cara, a los vestidos, a los pies, a la tierra en que pisaban. Sonrió y con acento sereno: