Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —Pero, mÃster Taik, fÃjese que ahora es muy difÃcil traer peones desde Colca. Los indios ya no quieren venir. Dicen que es muy lejos. Quieren mejores salarios. Quieren venirse con sus familias. El entusiasmo de los primeros tiempos ha pasado…
MÃster Taik, sentado rÃgidamente ante su escritorio, y después de chupar su pipa, puso fin a los alegatos de José Marino diciendo con implacable decisión:
—Bueno. Bueno. Cien peones más dentro de un mes. Sin falta.
Y mÃster Taik salió solemnemente de su oficina. José Marino, caviloso y vencido, lo siguió a pocos pasos. Pero un diálogo tal —dicho sea de paso—, lejos de enfriar la amistad —si amistad era eso— entre ambos hombres, la afianzó más. José Marino volvió al bazar, y en lo primero que pensó fue en hacer venir por medio de un amigo, el cajero Machuca, a mÃster Taik, a la reunión de despedida al comerciante.
—Tráigame a mÃster Taik y a mÃster Weiss.
—Va a ser dificil.
—No, hombre. Vaya usted a traerlos. Hágalo como cosa suya, y que no se den cuenta que yo se lo he dicho. DÃgales que solo van a estar unos minutos.
—Va a ser imposible. Están los gringos trabajando. Usted sabe que solo vienen al bazar en la tarde.
—No, hombre. Vaya usted nomás. Ande, querido cajero. Además, ya va a ser hora de almuerzo…