Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —¡Agarrarlo! ¡Agarrarlo! —repitió José con sorna y escepticismo—. ¿Tú piensas que yo no [he] ensayado ya mil formas de agarrarlo?… Los dos gringos son unos pendejos. Casi todos los dÃas los hago venir a los dos al bazar, valiéndome de Machuca, de Rubio, de Baldazari. Vienen. Se bebe. Yo les invito casi siempre. Con frecuencia, los meto con mujeres. Nos vamos de juerga al campamento de peones. Muchas veces, los invito a comer. En fin… Hasta de alcahuete les sirvo…
—¡Eso es! ¡Asà hay que hacerlo!
—¿Sabes la que le he metido en la cabeza a mÃster Taik? —le dijo José riendo—. Como yo sé que es un mujerero endemoniado, le he dicho que la mujer de Rubio se muere por él. Se lo he dicho el dÃa de mi viaje, porque como acababa de joderme con la cuestión de los peones, yo quise engatusármelo asÃ, para que se ablandara y retirase su exigencia de los cien peones para este mes…
—¿Y qué resultó?
—Nada. El gringo solo se reÃa como un idiota. Más a más, casi me oye y se da cuenta Rubio. Después, quise emborracharlo y tampoco se ablandó. Por último, llamé a Baldazari y le dije que viese la manera de tocarle el punto a lo disimulado. Pero tampoco hubo manera de agarrarlo. Con Baldazari se hacÃa el cojudo. ¡Total, nada!