Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —¡Señor! Yo fui el recodo sin entrada ni salida y la curva ciega e inhóspita en la vida. ¡Cuando pude ser la tersura, el amor y la luz! ¡Cuando pude detenerme en la inocencia, a despecho del tiempo y del espacio! ¡Cuando puede cercenar las cosas por la mitad, tomarme solo las caras y volver a sacar de los sellos otras caras y otras más hasta la muerte! ¡Cuando pude borrar de una sola locura los puentes y los istmos, los canales y los estrechos, a ver si asà mi alma se quedaba quieta y contenta, tranquila y satisfecha de su isla, de su lago, de su ritmo! ¡Cuando pude matar el matiz, y, convertido en zapador de lo probable, apostarme ante todos los tabiques, a blandir a dos manos el número 1, aunque cayese el golpe sobre la propia sombra de tal arma!
Benites lloraba un llanto lejano.
—¡Señor! Yo fui el pecador y tu pobre oveja descarriada. ¡Cuando estuvo en mis manos ser el Adán sin tiempo, sin mediodÃa, sin tarde, sin noche, sin segundo dÃa! ¡Cuando estuvo en mis manos embridar y sujetar los rumores edénicos para toda eternidad y salvar lo Cambiante en lo Absoluto! ¡Cuando estuvo en mis manos realizar mis fronteras garra a garra, pico a pico: guija a guija, manzana a manzana! ¡Cuando estuvo en mis manos desgajar los senderos a lo largo y al través, por filamentos, a ver si asà salÃa yo al encuentro de la Verdad!
Una pausa descalza siguió a estas palabras.