Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —¡Señor! ¡Yo fui el delincuente y tu ingrato gusano sin perdón! ¡Cuando pude no haber nacido siquiera! ¡Cuando pude, al menos, eternizarme en los capullos y en las vÃsperas y en las madrugadas! ¡Felices los capullos, porque ellos son las joyas natas de los paraÃsos, aunque haya en sus selladas entrañas una flor de pecado en marcha! ¡Felices las vÃsperas, porque ellas no han llegado todavÃa y no han de llegar jamás a la hora de los dÃas definibles! ¡Felices las madrugadas, porque nadie puede tocarlas ni decir nada de ellas, aunque encoven soles maléficos! ¡Yo pude ser solamente el óvulo, la nebulosa, el ritmo latente e inmanente, Dios!
Estalló Benites en un grito de desolación y desesperanza sin lÃmites, que luego de apagado, dejó al silencio mundo para siempre.
—¡Señor! ¡Pero mi vida ha sido triste y tormentosa! ¡Tú lo sabes! ¡Si tropezaba y golpeaba a un guijarro, este se ponÃa a llorar, diciendo que él tenÃa la culpa! ¡Si llamaba a una puerta para ayudar a padecer, se me hacÃa pasar a un festÃn! ¿Qué he podido, pues, hacer, Señor?
Jesús respondió con estas únicas palabras:
—¡Ajustarte al sentido de la tierra!