Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —Pero creo que don Julio lo hace tal vez para que trabajes mejor y cumplas debidamente con los deberes de tu puesto. ¿Crees tú que está contento con tu trabajo?
—Ya lo creo que sÃ. Está contentÃsimo. De otra manera, no me habrÃa prometido el regalo. El otro dÃa, le hice ganar de nuevo a la hacienda un montón de dinero.
—¿Cómo, Arturito mÃo? ¿Cómo lo hiciste?
—La semana pasada, un equipo de braceros de la Contrata Puga trabajó seis dÃas en un destajo de corte de caña. Yo lo sabÃa perfectamente. El caporal habÃa también registrado en la planilla esas tareas. Pero el sábado por la tarde, pasé, como quien no hace la cosa, por la caja a la hora del pago de las planillas semanales. Miré al azar las planillas sobre la mesa y al encontrarme con la de los cañeros, hice como que me sorprendÃa de verla. Llamé al caporal y le pregunté por qué se iba a pagar a esa gente un trabajo que yo ignoraba y que, sobre todo, yo no habÃa ordenado que se hiciese. Se hicieron los esclarecimientos del caso y acabé diciendo que no se pagasen esos salarios, puesto que se trataba de un trabajo que yo no habÃa ordenado. Y asà se hizo. Total: unos cientos de soles ahorrados para la hacienda.
Eva se quedó pensativa y preguntó vacilante:
—Pero ¿y los obreros no cobraron su trabajo?