Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Juncos era el niño descalzo. Esperaba en guardia, encendido y jadeante. Más bien escueto y cetrino y de sabroso genio pendenciero. Sus pies desnudos mostraban los talones rajados. El pantalón de bayeta blanca, andrajoso y desgarrado a la altura de la rodilla izquierda, le descendÃa hasta los tobillos. Tocaba su cabeza alborotada un grueso e informe sombrero de lana. ReÃa como si le hiciesen cosquillas. Las apuestas en su favor crecÃan. Por Cancio, en cambio, las apuestas eran menores. Era este un niño decente, hijo de buena familia. Se mordÃa el labio superior con altivez y cólera de adulto. TenÃa zapatos nuevos.
—¡Uno!… ¡Dos!… ¡Tres!
El tropel se sumió en un silencio trágico. Leonidas tragó saliva. Cancio no se movÃa de su guardia, reduciéndose a parar las acometidas de Juncos. Un puñetazo en el costado derecho, esgrimido con todo el brazo contrario, le hizo tambalear. Le alentaron. Recuperó su puesto y una sombra cruzó por su semblante. Juncos, finteando, sonreÃa.