Damas oscuras
Damas oscuras Confiaba plenamente en mi hogar, dando siempre por sentado que en él reinaban la paz y el bienestar habituales. La siguiente vez que acudí a mi club, sin embargo, me aguardaban allí tres o cuatro cartas, alguna con la etiqueta de «prioritario» o «urgente», que, según cree la gente exagerada y ajena a las nuevas tendencias, influye sobre el servicio de correos para acelerar el reparto de los envíos postales. Estaba a punto de abrir una cuando el botones del club me trajo también dos telegramas, uno de los cuales, me comunicó, había llegado la noche anterior. Abrí, como es de esperar, el último de ellos en primer lugar, y leí lo que sigue: «¿Por qué no vienes o al menos me respondes? Por el amor de Dios, ven. Está mucho peor».