Damas oscuras
Damas oscuras —Un búho —dije, con la respiración entrecortada.
—SÃ…, coronel —dijo Bagley, mientras yo lo oÃa castañetear los dientes. Nos quedamos allà parados unos cinco minutos, oyendo cómo el ave rompÃa la quietud hosca del aire. El sonido se iba amplificando en cÃrculos, y luego se extinguió en la oscuridad. Aquel sonido, sin ser alegre, casi me puso de buen humor. Su pertenencia al mundo natural alivió la tensión de mi mente. Avancé algo más, con un coraje renovado, mientras mi excitación nerviosa iba atenuándose progresivamente.