Damas oscuras
Damas oscuras Yo seguí caminado con la intención de llegar al otro lado del muro, aunque sin separarme demasiado de él. La luz que sostenía Bagley oscilaba continuamente, pero, pese a su temblor, iluminaba el espacio al que se accedía por la puerta vacía formando un bloque oblongo de luz que marcaba cada una de las esquinas erosionadas y los bultos colgantes que formaba la vegetación. ¿Había una mancha, algo agazapado a un lado? Me abrí camino con ímpetu por el pasillo de luz del recibidor y lo toqué con mis propias manos, pero solo era un arbusto de enebro que crecía contra la tapia. Al mismo tiempo, la visión de mi silueta al traspasar el umbral había aumentado el nerviosismo de Bagley, que ya estaba fuera de sí. De pronto, se me echó encima, aferrándose a mi hombro.