Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ Pusiéronse en marcha sin pérdida de tiempo. Convenía apresurarse, no fuera que se repitiese el cataclismo. La marcha, no obstante, tenía forzosamente que ser lenta con el estado del terreno y no se pudo volver al camino antes de la noche. Diez kilómetros les separaban aún de Ponta Delgada. Franqueóse aquella distancia en dos horas, y a las nueve menos veinte subían los turistas a bordo del Seamew muy fatigados, pero sanos y salvos.
Sus compañeros, vueltos de Ribeira Grande por el camino, se encontraban allí hacía largo tiempo. Aplaudiéronse mucho por su pereza cuando llegaron a conocer los incidentes de la jornada.
Mas aún que ellos, el que triunfó fue Johnson, cuya resolución, después de todo, no era tan disparatada.
—¿Parece, pues, caballero —dijo a Roberto, sin ningún género de modestia—, que hubieran debido quedarse todos aquí hoy?
—En efecto, caballero.
—¡Eh, eh, otro tanto me hubiera ocurrido si yo cometiera la necedad de seguirles!
—Es probable. Note usted, sin embargo, que todos hemos arribado a puerto seguro.