Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ Por el mismo sentimiento de modestia voluntaria, no quiso entregar por sí misma a la casada aquella dote inesperada. Encargó de ese cuidado a los jóvenes y salvajes esposos que hacían a bordo del Seamew un tan singular viaje. Por una gran casualidad, hallábanse ellos presentes aquella noche, y la comisión les correspondía de derecho.
La joven inglesa fue la que llevó a su hermana portuguesa la dote que acababa de constituírsele, acompañando el obsequio con un afectuoso beso. No quiso, sin embargo, callar el nombre de la caritativa pasajera a la que en realidad debía Thargela su reconocimiento, Alice tuvo que soportar las calurosísimas acciones de gracias de Thargela y de su marido. Cinco mil francos era para ellos la fortuna, y jamás olvidarían a la buena hada que había asegurado su dicha.
También los demás pasajeros tuvieron su parte en aquella explosión de gratitud. Thargela, inundada en llanto, iba de uno a otro, y Joaquín, con la cabeza extraviada, estrechaba manos y manos, rebosante de ventura.
Con todo, era preciso partir.
Gran esfuerzo hubo de costar el calmar la emoción de los recién casados, y los turistas se dirigieron hacia la puerta de la sala, en medio de entusiastas aclamaciones.