Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ Irritada por esta debilidad, cuya causa no hubiera podido decir, Alice dio las gracias con una inclinación de cabeza, y apartándose rápidamente, pidió al siguiente pasajero.
El pasajero siguiente no era otro que el noble don Higinio. Si Hamilton habÃa hecho las cosas a lo prÃncipe, don Higinio las hizo a lo rey. Un billete de cuarenta libras (mil francos); tal fue el don magnÃfico que entregó a Mr. Lindsay. Tal vez puso en ello un poco de ostentación; acaso desplegó el billete de modo que todo el mundo pudiese leer su valor con una lentitud que el buen gusto reprobaba; pero constituÃa esto un pecado de meridional, y Alice no paró mientes en semejantes bagatelas.
Electrizado por este ejemplo, los demás pasajeros desataron ampliamente los cordones de su bolsa. Nadie negó su ofrenda, mayor o menor, según la respectiva fortuna.
Terminada la cuestación, Alice anunció gloriosamente su resultado: un total de doscientas libras esterlinas (cinco mil francos).
Era un resultado magnÃfico. Para obtenerlo, para redondear de este modo la suma, habÃa debido imponerse Alice una importante contribución personal; pero no imitó la ostentación vanidosa de don Higinio y nadie supo lo que dio.