Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ —Se me habÃa asegurado unos honorarios de trescientos francos por el viaje, libres de todo gasto —respondió Roberto.
Thompson pareció de pronto distraÃdo.
—SÃ, sà —murmuró—, trescientos francos; no es demasiado, no.
Se alzó del asiento.
—No —dijo con energÃa—, no es demasiado, en efecto.
Volvió a sentarse y se abismó en la contemplación de una de sus sortijas.
—Con todo, para nosotros, que hemos llevado el coste del viaje a los últimos lÃmites de lo económico, compréndalo; para nosotros ese sueldo serÃa tal vez un poco elevado.
—¿Habrá, por consiguiente, de rebajarse algo? —preguntó Roberto.
—SÃ… tal vez… —suspiró Thompson—. Tal vez serÃa necesaria una rebaja… una pequeña rebaja. ¡Mi querido señor! —añadió con voz persuasiva—. Yo me remito a usted mismo. Usted ha asistido a la lucha a que esos condenados Baker nos han empujado…
—Bien, bien —interrumpió Roberto—, ¿de modo que…?