Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ Tuvo que contentarse Hamilton con esta respuesta. Satisfecho de su explicación, el viejo marinero chupó de nuevo en su pipa, y en seguida, con la vista fija en las rápidas olas, púsose a meditar acerca de otro tema.
El baronet no debÃa conocer la verdad hasta más tarde, al mismo tiempo que los demás pasajeros. Fue aquélla una prueba cruel para el vanidoso baronet.
—Acuérdese usted de nuestro convenio —habÃa dicho Thompson al teniente cuando éste se despidió.
—Esté usted tranquilo —habÃa contestado el teniente.
El bote zarpó en seguida. Después, transportado su cargamento humano al aviso, regresó al Seamew cuya hélice volvió inmediatamente a ponerse en movimiento.
El capitán Pip continuaba sin comprender. En cuanto a Thompson, no dejaba de hallarse inquieto. Pese a las seguridades del teniente, ¿no volverÃa el guardacostas a emprender la caza a cañonazos ahora?
De creer es que el oficial cumplió lealmente sus promesas y que las explicaciones dadas se consideraron satisfactorias. Pronto, en efecto, el aviso describÃa un gran semicÃrculo sobre estribor y desaparecÃa por el Norte, al propio tiempo que en el Sur se descubrÃan las orillas de Porto Santo.