Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ Hacia mediodía se costeó aquella isla montañosa, sobre todo en su parte septentrional; después el Seamew puso proa al Sur-Sudoeste, y se dirigió en derechura hacia Madeira, distante aún unas treinta millas, y que comenzaba a hacer surgir por encima de las aguas su masa colosal.
Dos horas más tarde se hacía conocimiento con el cabo San Lorenzo, mientras que a su vez se alzaban Las Desiertas, cuyos tres islotes completan el archipiélago con los arrecifes Los Salvajes. En aquel momento la costa septentrional de la isla se desarrollaba ante las miradas de los pasajeros en toda su abrupta potencia.
Al crear Madeira no tardó indudablemente el Señor de hacer nada nuevo. Por doquier altos derrumbaderos verticales, agudos y salvajes promontorios, montes separados por profundos y sombríos valles. Es el modelo de las Azores, pero un modelo acabado, diez veces mayor.
Por encima de las escarpadas costas, otro mar se extiende. Mar de verdura, teniendo por ondas un número inmenso de árboles gigantes. Así entapizados, elévanse los montes, por pisos, dominados todos en el centro por los 1850 metros del pico Ruivo.
Poco a poco fue perfilándose la costa norte, y por fin, hacia las tres de la tarde, se dobló el cabo San Lorenzo, punta oriental de la isla. El Seamew se acercó a menos de dos millas, pudiéndose descubrir fácilmente el semáforo y el faro alzados en su extremidad.