Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ EN LA BRUMA
Afortunadamente, amaneció el 10 de mayo sin que los temores de Roberto se confirmaran.
Roberto embarcó de buena mañana para hallarse temprano en su puesto; pero, una vez a bordo, comprendió que se había excedido en su celo profesional. Ningún viajero habíase presentado aún.
Habiendo dejado su reducido equipaje en el camarote que se le había asignado, el 17, se dispuso a recorrer la nave.
Un hombre cubierto con una gorra galonada, el capitán Pip indudablemente, se paseaba de estribor a babor sobre el puente, mordiendo a la vez su bigote gris y un cigarro. Pequeño de estatura, las piernas torcidas, el aspecto rudo y simpático, era un acabado modelo del lupus maritimus, o, cuando menos, de una de las numerosas variedades de esta especie de la fauna humana.
En el puente dos marineros preparaban las jarcias para cuando fuera menester aparejar. Terminado este trabajo, descendió el capitán del puente y desapareció en su camarote. Pronto le imitó el segundo de a bordo, en tanto que la tripulación se deslizaba por la escotilla de proa. Sólo un teniente, el que había acogido a Roberto a su llegada, permaneció cerca del portalón. El silencio más absoluto reinaba a bordo del desierto navío.