Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ —Yo. Yo le garantizo por completo cerca de usted —dijo muy seriamente Roger, que con un amable saludo se apresuró a despedirse.
La curiosidad es la pasión dominante en las mujeres, y las últimas palabras de Roger habían excitado la curiosidad de Mr. Lindsay. Ya en su alcoba, no pudo conciliar el sueño; obsesionábala el enigma que se le acababa de proponer, y, por otra parte, se sentía irritada por la falsa posición en que se hallaba con su cuñado. ¿Por qué no dejaba el buque? ¿Por qué no desistir de continuar el viaje, que nunca debió ella haber emprendido? Ésta era la única solución lógica; de ese modo volvía a poner todas las cosas en su lugar. Alice se veía obligada a reconocerlo así, y, no obstante en el fondo de su alma una insuperable repugnancia oponíase callada, pero tenazmente, a aquella decisión. Abrió la ventana y dejó que acariciara blandamente su rostro la juguetona y suave brisa.
Era una noche de novilunio. Negros los cielos y negro el mar, rotas ambas negruras por algunas luces; las estrellas arriba, abajo los fuegos de los buques anclados.
Largo tiempo, agitada por confusos pensamientos, permaneció Alice soñadora ante el espacio henchido de una sombra misteriosa, en tanto que de la playa subía hasta ella el plañir eterno de las olas.