Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ Estalló en la mañana del 1.º de junio, cuando al mal humor de los que se habían empeñado en no dejar el Seamew, vino a añadirse el de los demás. Furiosos también éstos por aquellas diez horas pasadas estúpidamente por tercera vez en errar a través de las calles de Funchal, y muy decididos a no comenzar de nuevo aquella ridícula broma.
Al llegar el día 1.º de junio el momento de la partida, vióse Thompson solo en el portalón. No del todo, sin embargo. Un compañero le quedaba, bajo envoltura de Van Piperboom, de Rotterdam, cuyo oído continuaba cerrado, y por ende, indiferente a todas las excitaciones exteriores.
La propaganda revolucionaria no producía efecto sobre él; era una presa que se le escapaba. Persistía en adherirse a los pasos del único compañero cuyo carácter oficial conocía, y Thompson venía a ser el cornac de aquel elefante de los pasajeros.
Durante aquellos tres días no le había dejado a sol ni a sombra. Dondequiera que iba Thompson, allí le había seguido Piperboom. Y aun en aquel momento él estaba allí, único seguidor del jefe abandonado por sus soldados.