Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ —SÃ, señor, monótono. No se les obliga a personas sensatas a visitar seis dÃas seguidos una ciudad como Funchal. Nosotros contábamos con paseos, con excursiones…
—Sin embargo, caballero —replicó Thompson—, nada de eso promete el programa.
El pasajero respiró fuertemente, como quien hace un esfuerzo para dominar su cólera.
—Es cierto —dijo—, y en vano buscamos nosotros la razón de ello. ¿TendrÃa usted a bien decirnos por qué no se conduce en Madeira como se condujo en las Azores?
La razón era que los precios se «civilizan» con las costumbres de los habitantes. Thompson habÃa temido el coste de una excursión en aquel paÃs maleado por los ingleses. Pero ¿podÃa aducir un argumento semejante?
—Es muy sencillo —respondió, llamando en su auxilio a la más amable de las sonrisas—. La agencia ha creÃdo que no habrÃa de pesarles a los pasajeros el descansar un tanto de su habitual ajetreo, que organizarÃan excursiones particulares, que aquà hace tan fáciles la difusión de la lengua inglesa; que…
—¡Pues bien! La agencia se ha equivocado —interrumpió vivamente el orador del spardek—, y por consiguiente…