Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ Los turistas se quedaron llenos de estupor y asombro. ¿Qué diablos había entendido el campesino canario? Fuera lo que quisiera, de nada sirvió lamentarse; no había que hacer sino marchar, y se marchó, en efecto, no hacia el Sur, sino hacia el Norte, única dirección en que había probabilidades de encontrar la ciudad de Telde.
Las horas, no obstante, pasaron sin que el campanario de la población apareciese ante los cansados y hambrientos pasajeros. Las señoritas Blockhead inspiraban verdaderamente lástima. Abrazadas al cuello de sus caballos, dejábanse transportar, no teniendo fuerzas ni aun para gemir.
Hacia las seis, los turistas más valerosos hablaban ya de renunciar a proseguir caminando y acampar al aire libre, cuando por fin se distinguieron casas. La marcha de los caballos se activó inmediatamente. ¡Oh, sorpresa! ¡Estaban en Las Palmas! Una hora después atravesaban rápidamente la ciudad y llegaban al Seamew, sin que hubieran podido comprender lo que había acontecido.
Apresuráronse los viajeros a tomar asiento en la mesa, cuando se comenzaba a servir la comida, y atacaron con ansia los primeros platos. Por desgracia, continuaban todavía en vigor los principios que regulaban la mesa del Seamew desde hacía dos días, y la comida fue notoriamente poca cosa para aquellos estómagos hambrientos.