Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ Semejante inconveniente pareció llevadero. Una cuestión urgÃa más que todas. ¿En qué estado se hallaban las reparaciones de la máquina? No habÃan terminado, indudablemente; el ruido de los martillos hablaba con bastante elocuencia a este respecto; aquel ruido se metÃa por todas partes: en el comedor, interrumpiendo las conversaciones, y en los camarotes, haciendo huir el sueño. Toda la noche duró, llevando al colmo la exasperación de los pasajeros.
Roberto, a causa de la fatiga, habÃa terminado por quedarse adormecido; a las cinco de la mañana despertóle un súbito silencio; todo habÃa callado a bordo del buque.
Vestido de cualquier modo, Roberto salió sobre cubierta. Solos, bajo el spardek, conversaban el capitán Pip y Bishop. Iba a descender Roberto a su encuentro para adquirir informes, cuando la voz del capitán llegó hasta él:
—AsÃ, pues, ¿está usted preparado, caballero? —decÃa.
—SÃ, comandante —respondió Mr. Bishop.
—Y… ¿está usted satisfecho de sus reparaciones? —preguntó el capitán.
—¡Hum! —dijo Mr. Bishop—. Artimón os dirÃa, comandante, que nada nuevo puede hacerse con una cosa vieja.