Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ —¡Justo! —aprobó el capitán—. Pero, al fin, yo supongo que podremos partir…
—Cierto, comandante, pero… llegar…
Un nuevo silencio se hizo, más largo que el anterior. Roberto, inclinándose, vio al capitán ponerse bizco de un modo terrible, según su costumbre cuando le agitaba una emoción. Pellizcóse luego la punta de la nariz, y estrechando la mano del primer maquinista exclamó:
—¡Ésta es una peripecia, caballero!
Juzgó inútil Roberto dar cuenta a sus compañeros de los tristes presagios que acababa de conocer. En cuanto a la nueva de la partida, no necesitó transmitirla; las volutas de humo que pronto coronaron la chimenea informaron de ello a todos los pasajeros.
Sólo la certidumbre de una próxima partida pudo salvar al administrador general del furor de sus administrados, exasperados por un almuerzo verdaderamente detestable. Nadie empero protestó, limitándose a poner en recÃproca cuarentena al culpable director de la agencia. Todos los semblantes se despejaron cuando, hacia el final del almuerzo, se oyeron las primeras órdenes de aparejar, que permitÃan esperar una más soportable comida.