Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ EN CUARENTENA
¡En verdad que tenían mala suerte los infortunados suscriptores de la agencia Thompson!
Sí, una epidemia de las más mortíferas asolaba a Santiago y suprimía, desde un mes antes, toda comunicación con el resto del mundo. A decir verdad, la insalubridad es el estado ordinario de aquella isla, denominada, con razón, «La Mortífera», como Roberto, antes de partir de la isla de la Sal, advirtiera a sus compañeros. La fiebre es allí endémica, y en tiempo normal causa numerosas víctimas.
Pero la enfermedad local había tomado entonces una extrema virulencia y había revestido un carácter pernicioso que no la es habitual. En presencia de los estragos que causaba, el Gobierno se había conmovido, y para arrancar el mal de raíz no vaciló en cortar por lo sano.
La isla entera sufría, de orden superior, un riguroso interdicto. Cierto que los buques conservaban el derecho de anclar en ella; pero a condición de no abandonarla hasta el fin, imposible de prever, de la cuarentena y de la epidemia. Concíbese, pues, que los paquebotes se hubiesen alejado de semejante atolladero, y, en realidad, antes de la llegada de los administrados de Thompson ni un solo buque había penetrado en la isla durante los treinta días anteriores.