Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ —¿Habitaciones? —repitió el hostelero como si estuviera soñando—. ¿Cómo han venido ustedes aqu�
—Como suele venirse; en barco —dijo Roberto con impaciencia.
—¿En barco? —repitió el portugués en el colmo de la admiración.
—SÃ, en barco —afirmó Roberto con enojo—. ¿Qué tiene esto de extraordinario?
—¡En barco! —exclamó nuevamente el hotelero—. No se ha alzado, sin embargo, la cuarentena.
—¿Qué cuarentena?
—¡Eh! ¡Por Cristo…! La de la isla, a la que hace un mes que no ha abordado ningún buque.
—¿Qué ocurre, pues, aqu� —preguntó Roberto.
—Una violenta epidemia de fiebre perniciosa. Sólo en la ciudad mueren más de veinte personas por dÃa, en una población de cuatro mil almas.
—¡Por fortuna no estaremos aquà mucho tiempo!
Movió el portugués la cabeza de un modo poco tranquilizador.
—Por el momento voy, si ustedes gustan, a enseñarles sus habitaciones —dijo irónicamente—. Creo que no las dejarán tan pronto. Por lo demás, ustedes mismos verán mañana que cuando se llega a Santiago hay que quedarse en él.