Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ EN EL QUE NO SE HACE MAS QUE CAMBIAR DE CARCELEROS
Era el 9 de julio. Cerca de un mes antes, según el programa de la agencia Thompson, debiera haberse pisado el suelo de Londres. En vez de las animadas calles, de las casas sólidas de la vieja capital de Inglaterra, ¿qué se veía?
Limitada de un lado por un océano de olas agitadas, y del otro por una no interrumpida cadena de dunas estériles y tristes, una simple banda de arena se alargaba hacia el Norte y hacia el Sur.
En medio de esa banda de arena, casi en el centro de su anchura, se alzaba un buque, masa de informes despojos, llevado por una inconmensurable potencia a doscientos metros del mar.
La noche había sido dura para los turistas náufragos. Andando a tientas entre una espesa sombra, apenas si habían logrado defenderse de la lluvia, de la cual sólo a medias les abrigaba el entreabierto puente.
Muy afortunadamente, el viento no había tardado en despejar el cielo, y habíales sido posible conciliar por algunos instantes un sueño, interrumpido por sus silbidos decrecientes.
Sólo al llegar el día pudieron apreciar toda la extensión del desastre. Era éste verdaderamente inmenso, irreparable.