Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ —¡Camarero! —dijo Saunders empujando desdeñosamente su plato—. ¿No podrÃan servirme un par de huevos fritos? Nada sorprende que tengamos tantos enfermos. ¡No resistirÃa a semejantes alimentos ni el estómago de un lobo de mar!
Juicio, en verdad, demasiado severo. La comida, aunque mediocre, habÃa sido, en conjunto, aceptable. Pero ¿qué le importaba eso al sistemático descontento?
El carácter de Saunders respondÃa, decididamente, a las promesas y augurios de su aspecto; como las apariencias hacÃan sospechar, se hallarÃa en él un firme censor. ¡Agradable naturaleza…! A menos, sin embargo —pero ¿por qué motivo?—, a menos de que no tuviese alguna razón oculta para querer mal a Thompson, y que deliberadamente buscase las ocasiones de ser agresivo y de sembrar la cizaña y la discordia entre el administrador general y sus administrados.
Una risa ahogada corrió por entre los asistentes. Sólo Thompson dejó de reÃr. Y si a su vez se puso verde, ¡no era, a buen seguro, el mareo el responsable de ello!