Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ AL LARGO
Poco a poco fue tomando su curso normal y regular la vida de a bordo. A las ocho se avisaba para el té, y después la campana llamaba a los pasajeros al almuerzo, y más tarde a la cena.
Según se ve, Thompson había adoptado las costumbres francesas. So pretexto de que las numerosas comidas inglesas serían imposibles durante las excursiones proyectadas, las había suprimido a bordo del navío. A ninguna de ellas había perdonado, ni aun siquiera al five o’clock, tan caro a los estómagos británicos. Muy seriamente pregonaba la gran utilidad y conveniencia de aquella revolución gastronómica, y pretendía habituar de ese modo a sus compañeros de viaje al género de vida que había de serles preciso adoptar cuando tuvieran que recorrer las islas. Precaución verdaderamente humana, que tiene el doble mérito de ser al propio tiempo económica. Vida en realidad monótona, es cierto, la vida de a bordo, pero no vida fastidiosa. El mar siempre es un espectáculo ciertamente hermoso, eternamente sugestivo y eternamente cambiante. Vislúmbranse otros buques y asoman en las lejanías tierras que rompen el geométrico horizonte.