Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ Bajo este último aspecto, cierto es, no tenían mucha suerte los huéspedes del Seamew. Sólo el primer día una tierra lejana había indicado, hacia el sur, la costa francesa de Cherburgo. Después ningún punto sólido se había destacado en el inmenso disco líquido, cuyo movedizo centro lo constituía el buque.
Los pasajeros parecían irse acomodando a aquella existencia. En conversaciones y paseos pasábanse las horas no abandonando apenas el spardek, a la vez salón y plaza pública.
Bien entendido que entre éstos sólo figuraban los pasajeros sanos, cuyo número no se había aumentado por desgracia, desde que el auditorio de Thompson se viera tan diezmado por el mareo.
El buque, sin embargo, no había tenido que luchar hasta entonces con ninguna dificultad real. El tiempo, en boca de un marino, habría merecido siempre el epíteto de bello. Pero un humilde terrestre tiene el derecho de mostrarse un poco más exigente. No faltaban los terrestres a bordo del Seamew, y no se recataban para maldecir aquel viento demasiado fresco que hacía que el mar, ya que no malo, estuviera, cuando menos, revuelto y agitado.