Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ Justo es, con todo, reconocer que el barco no parecía haber tomado en serio aquella agitación del mar; que la ola viniera por la proa, o de costado, la nave se portaba con honradez y bondad. En muchas ocasiones había podido comprobarlo el capitán Pip, y el alma hermana, en la posición reglamentaria, había recibido la confidencia de su satisfacción, como antes recibiera la de su inquietud y desasosiego.
Sin embargo, las cualidades náuticas del Seamew no podían impedir que hubiese enfermos y el señor administrador general no podía hacer gala de sus talentos de organizador más que ante un público muy reducido.
Entre los intrépidos figuraba siempre Saunders. Iba de un lado a otro, bien acogido siempre por sus compañeros, a quienes divertía mucho su numen feroz. Cada vez que se cruzaban Thompson y él, cambiaban alguna de esas miradas que equivalen a puñaladas. El administrador general no había echado en olvido la bochornosa observación del primer día y conservaba de ella un amargo rencor. Saunders, por su parte, nada hacía para disipar su enojo; antes al contrario, aprovechaba todas las ocasiones de ser desagradable. El desdichado administrador general había llegado incluso a pensar en el medio mejor de deshacerse de aquel odioso pasajero a la primera oportunidad.