Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna ¿Cuál podría ser la suerte de los viajeros en este último caso? Verdad es que tenían víveres para cierto tiempo. Pero aun en el caso de que su empresa tuviera el mejor éxito, ¿cómo volverían? ¿Podrían acaso volver? ¿Habría noticias suyas? Todas estas cuestiones, debatidas por plumas competentes, interesaban en alto grado a la opinión pública.
No estaría de más hacer aquí una observación que deben de tener en cuenta los impacientes. Cuando un sabio anuncia al público un descubrimiento puramente especulativo ha de proceder con mucha prudencia. Nadie está obligado a destruir un planeta, ni un cometa, ni un satélite, y el que se equivoca en casos semejantes se expone a las burlas de la multitud. Por lo tanto, es preferible esperar y esto es lo que hubiera debido hacer el impaciente J. T. Maston, antes de enviar aquel cablegrama que, según él, decidía ya el resultado definitivo de aquella empresa.