Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna Hasta entonces los viajeros, si bien advertían que esta acción disminuía cada vez más, no habían reconocido que faltase totalmente. Pero aquel mismo día, a eso de las once de la mañana, un vaso que tenía en la mano Nicholl, y que soltó inadvertidamente, se quedó en el aire en vez de caer al suelo.
—¡Bola! —exclamó Miguel—. ¡Vamos a tener un poco de física recreativa!
Y en efecto, en el mismo instante varios objetos, armas, botellas, abandonados a sí mismos, se sostuvieron como por milagro. La perra Diana, colocada por Miguel en el espacio, reprodujo, aunque sin secreto alguno, la suspensión maravillosa, operada por los Caston, los Roberts-Haudin y otros. La perra, por su parte, no parecía advertir que se hallaba en el aire.
Estaban sorprendidos y estupefactos, a pesar de las razones que tenían para explicar que faltaba a su cuerpo gravedad. Si extendían sus brazos, se quedaban de este modo, sin bajarlos; su cabeza no se inclinaba a ningún lado, y sus pies no tocaban al fondo del proyectil. Parecían hombres ebrios a quienes faltaba la estabilidad. La imaginación ha creado hombres invisibles o sin sombra. Pero allí la realidad, sólo por la neutralización de las fuerzas atractivas, hacía hombres que no pesaban.