Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna Súbitamente, Miguel, tomando impulso, se desprendió del fondo y quedó suspendido en el aire, como el fraile de la Cocina de los Ãngeles, de Murillo. Sus dos amigos se le reunieron al momento, y juntos los tres en el centro del proyectil, figuraban una asombrosa ascensión milagrosa.
—¿Esto es creÃble? ¿Es verosÃmil? ¿Es posible? —exclamó Miguel—. ¡No, y sin embargo, es cierto! ¡Ah! Si Rafael nos hubiera visto asÃ, ¡qué Ascensión hubiera trazado en el lienzo!
«¡Ah! Si Rafael nos hubiera visto asû.
—La ascensión no puede durar —respondió Barbicane—. Si el proyectil pasa del punto neutral, la atracción de la Luna nos llevará hacia ella.
—Entonces nuestros pies descansarán en la bóveda del proyectil —respondió Miguel.
—No ocurrirá tal cosa —dijo Barbicane—; el proyectil tiene su centro de gravedad abajo; y se volverá poco a poco.
—Entonces todo el mobiliario va a verse revuelto en un momento.
—No tengas cuidado, Miguel —respondió Nicholl—. No habrá trastorno alguno; ningún objeto se moverá, porque la evolución del proyectil se hará insensiblemente.