Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna —Pues si quiere —exclamó el joven guardia— estoy dispuesto a acompañarle.
—¡Oh, no faltarán aficionados! —replicó Bronsfield—. Y como se abra la mano, bien pronto habrá emigrado a la Luna la mitad de los habitantes de la Tierra.
Esta conversación de los oficiales de la Susquehanna se prolongó poco más o menos hasta la una de la mañana. Imposible serÃa describir todos los sistemas, todas las teorÃas emitidas por aquellas atrevidas inteligencias. ParecÃa que nada era imposible para los americanos desde la tentativa de Barbicane. Hasta tenÃan el propósito de enviar a las playas selenitas, no ya una comisión de sabios solamente, sino toda una colonia y un ejército con infanterÃa, caballerÃa y artillerÃa, para conquistar el mundo lunar.
A la una de la mañana aún no habÃan concluido la extracción de la sonda. TodavÃa faltaban 10 000 pies, y habÃa trabajo para unas cuantas horas. Los fuegos se hallaban encendidos, según la orden del comandante, y la caldera estaba en presión, pudiendo partir la Susquehanna en aquel mismo momento.
En aquel instante (era la una y diecisiete minutos de la mañana) y cuando el teniente Bronsfield se disponÃa a entrar en su camarote, le llamó la atención un silbido lejano y repentino.