Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna —Pues significa —siguió Barbicane— que v subcero al cuadrado es igual a dos g·r multiplicado por uno menos diez r partido por 9·d menos un ochentayunavo multiplicado por 10·r partido por d menos r.
—Y ahora —dijo Nicholl—, para obtener la velocidad del proyectil al salir de la atmósfera, no hay más que calcular.
Y el capitán, como acostumbrado a toda clase de dificultades, se puso a hacer números con asombrosa rapidez. Barbicane le seguÃa con la vista mientras Miguel Ardán se apretaba las sienes con las manos para librarse de la jaqueca.
«¡Que si he comprendido!, —exclamó Miguel—. Lo que pasa es que se me va la cabeza».
—¿Qué resultado? —preguntó Barbicane, después de unos cuantos minutos de silencio.
—Hecho el cálculo —respondió Nicholl—, resulta que v subcero, es decir, la velocidad del proyectil al salir de la atmósfera para llegar al punto de igual atracción, ha debido ser…
—¿Cuánto?
—Once mil cincuenta y un metros en el primer segundo.
—¿Cómo? —dijo Barbicane, dando un salto—. ¿Qué habéis dicho?
—Once mil cincuenta y un metros.