Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna —¡Maldición! —exclamó el presidente haciendo un ademán desesperado.
—¿Qué tienes? —preguntó Miguel Ardán, sorprendido.
—¿Qué tengo? Que si en este momento la velocidad habÃa disminuido en una tercera parte por el rozamiento, la velocidad inicial debÃa de ser…
—Dieciséis mil quinientos setenta y seis metros —respondió Nicholl.
—Y el observatorio de Cambridge ha declarado que bastaban once mil metros en el punto de partida, y el proyectil ha partido sólo con esta velocidad recomendada.
—¿Y qué? —preguntó Nicholl.
—¡Toma! Que será insuficiente.
—¡Bueno!
—¡Y que no llegaremos al punto de equilibrio!
—¡Cielos!
—Ni siquiera a mitad del camino.
—¡Canastos! —exclamó Miguel Ardán, saltando como si el proyectil estuviese a punto de chocar con el globo terrestre.
—¡Y caeremos otra vez a la Tierra!