Ante la bandera
Ante la bandera Cuando quiero abrir la puerta noto que está cerrada por fuera, lo que era de prever.
¡Debo abandonar este proyecto, que, por otra parte, tenÃa tantas probabilidades de resultar mal!
Lo mejor será dormir, pues estoy muy fatigado de espÃritu, ya que no de cuerpo.
¡Si pudiera ahogar en el sueño estas ideas contrarias y estas obsesiones continuas!
Acabo de ser despertado por un ruido insólito, como nunca le oà a bordo de la goleta.
El dÃa comienza a blanquear el vidrio del tragaluz, colocado al Este. Consulto mi reloj. Marca las cuatro y media.
Mi primer cuidado es preguntarme si la Ebba se ha puesto nuevamente en marcha.
No, ni con su vela ni con su motor… Se producirÃan ciertas sacudidas que no podrÃan engañarme… Además, el mar parece estar tan tranquilo al salir el sol como lo estaba al caer. Si la Ebba ha navegado durante las horas que he dormido, en este momento está inmóvil.