Ante la bandera
Ante la bandera El ruido de que hablo proviene de rápidas idas y venidas sobre el puente. Al mismo tiempo me parece que un tumulto del mismo género llena la cala bajo el piso de mi camarote. Noto también que la goleta es rozada exteriormente a lo largo de sus flancos, en la parte emergente de su casco ¿Es que algunas embarcaciones la han acostado? La tripulación, ¿está ocupada en cargar o descargar mercancÃas?
Sin embargo, no es posible que hayamos llegado a nuestro destino. El Conde de Artigas ha dicho que la Ebba no llegarÃa antes de veinticuatro horas; pues, lo repito, ayer noche estaba a cincuenta o sesenta millas de la tierra más próxima, el grupo de las Bermudas. Es inadmisible que haya cambiado el rumbo hacia el Oeste, y se encuentre en la proximidad de la costa americana, teniendo en cuenta la distancia. Además, tengo motivos para pensar que en toda la noche la goleta no se ha movido. Antes de dormirme pude notar que se habÃa detenido, y en este instante no está en marcha.
Espero, pues, a que se me permita subir al puente. La puerta de mi camarote continúa cerrada por fuera, cosa de que me acabo de asegurar. No me parece probable que se me impida salir cuando adelante el dÃa.
Transcurre una hora. La claridad matinal penetra por el tragaluz. Miro por éste. Un ligero movimiento se nota en el mar, pero no tardará en desaparecer al influjo de los primeros rayos solares.