Ante la bandera
Ante la bandera Habiendo seguido el empalletado de babor hasta la altura del palo mesana, veo una pequeña boya flotante que uno de los marineros iza sobre la proa. Casi en seguida, el agua, muy clara en este sitio, se obscurece, y me parece ver subir del fondo una masa negra. ¿Es algún enorme cachalote que sube a respirar a la superficie del mar, y la Ebba está amenazada de algún rabotazo formidable?
Todo está comprendido… Ya sé ahora a qué aparato debe la goleta su extraordinaria velocidad, sin velas y sin hélice… He aquí que sube su infatigable propulsor, después de haberla arrastrado desde el litoral americano hasta el archipiélago de las Bermudas. Está aquí, flotando junto a ella. Es un barco sumergible, un remolcador submarino, un tug movido por una hélice bajo la acción de la corriente, sea por una batería de acumuladores, sea por las poderosas pilas de uso en esta época.
En la parte superior de este tug hay una plataforma, en el centro de la cual, una escotilla establece la comunicación con el interior. En la parte de delante de esta plataforma sobresale un look-out, especie de compartimiento cuyas paredes, llenas de tragaluces, permiten alumbrar eléctricamente las capas submarinas.