Ante la bandera
Ante la bandera En esta época, el ingeniero Serko, hombre de gran instrucción, habilísimo mecánico, y que había estudiado con preferencia el sistema de los barcos submarinos, propuso A Ker Karraje hacer construir uno de estos aparatos, a fin de volver a su criminal existencia en condiciones más secretas y más terribles. Comprendió Ker Karraje todo lo práctico de la idea de su cómplice, y como no escaseaba el dinero, no hubo más que ponerse a la obra.
Mientras, el dicho Conde de Artigas encargaba la goleta Ebba a los astilleros de Gotteborg, en Suecia, entregó a los astilleros Cramps, de Filadelfia, en América, los planos de un barco submarino, la construcción del cual no excitó sospecha alguna, y que además, como se va a ver, no debía tardar en desaparecer con cuerpos y bienes.
Bajo las órdenes y la vigilancia especial de Serko fue construido el aparato, utilizándose los diversos perfeccionamientos de la ciencia náutica de entonces.
Una corriente producida por pilas de nueva invención, moviendo los receptáculos colocados en el árbol de la hélice, debía dar a su motor un enorme poder propulsivo.