Ante la bandera
Ante la bandera La revelación del nombre de Ker Karraje me deja por largo tiempo obsesionado, por estas reflexiones. Todo cuanto conocía de este célebre pirata vuelve a mi memoria: su existencia cuando pirateaba en los parajes del Pacífico, las expediciones organizadas contra su navío, lo inútil de estas campañas. A él había que atribuir las inexplicables desapariciones de algunos barcos en el continente americano desde hacía algunos años. No había hecho más que cambiar el teatro de sus atentados. Continuaba sus piraterías por los tan frecuentados mares del Atlántico, con la ayuda del tug, que se creía hundido en las aguas de la bahía de Charleston.
Y ahora —pienso— ya conozco su verdadero nombre y su verdadero escondite. Ker Karraje y Back-Cup. Si el ingeniero Serko ha pronunciado este nombre delante de mí, es porque estaba autorizado para ello. ¿No es para hacerme comprender que debo renunciar a toda esperanza de recobrar mi libertad?
El ingeniero Serko había sin duda conocido el efecto que la revelación me produjo. Recuerdo que al apartarse de mí se dirigió hacia la habitación de Ker Karraje, con la idea, sin duda, de ponerle al tanto de lo que sucedía. Después de un largo paseo por la ribera del lago, disponíame a volver a mi celda cuando oí ruido de pasos tras mí.
Me vuelvo.