Ante la bandera
Ante la bandera Bajo la vasta bóveda de Back-Cup organizóse la nueva vida del Conde de Artigas y de sus compañeros en la forma que yo podía observar. El ingeniero Serko instaló una fábrica de energía eléctrica sin recurrir a máquinas, la construcción de las cuales en el extranjero hubiera parecido sospechosa, y solamente con pilas de fácil montaje, que sólo exigían el empleo de placas metálicas y sustancias químicas, de las que la Ebba se proveía en los puertos de los Estados Unidos.
Fácilmente se comprenderá ahora lo que había pasado en la noche del 19 al 20. Si el barco de tres mástiles que no podía moverse por falta de viento no estaba allí al amanecer, es porque había sido abordado por el tug, atacado después por la goleta, entregado al pillaje y sumergido con su tripulación, y una parte de su cargamento se encontraba a bordo de la Ebba, cuando él había desaparecido en los abismos del Atlántico.
¡En qué manos he caído! ¿Cómo terminará esta deplorable aventura? ¿Podré escaparme de esta prisión de Back-Cup, denunciar al falso Conde de Artigas, librar los mares de los piratas de Ker Karraje?
Y por terrible que ya sea este último, ¿no lo será más aún si llega a ser el poseedor del Fulgurador Roch? ¡Sí!… ¡Cien veces más! Y si utiliza estos nuevos aparatos de destrucción, ningún barco de comercio podrá resistirle, ningún navío de guerra podrá escapar a una destrucción total.