Ante la bandera
Ante la bandera Ni una hora de reposo me dejan estas intolerables preocupaciones. Con estas cosas quebrántase mi salud, y, aunque el aire puro llena la caverna, algunas veces experimento grandes ahogos y angustias. Paréceme que estas espesÃsimas paredes me oprimen con su peso. ¡Además, me siento separado del resto de la humanidad, como fuera de nuestro globo, no sabiendo nada de lo que en otros paÃses sucede!… ¡Ah! ¡Si fuera posible huir por la abertura de la bóveda, llegar a la cima del islote… bajar luego a su base!…
En la mañana del 25 de Julio encuentro al fin a Tomás Roch. Está solo en la ribera opuesta, y me pregunto, puesto que desde la vÃspera no los he visto, si Ker Karraje, el ingeniero Serko y el capitán Spada habrán partido para alguna expedición.
Me dirijo hacia Tomás Roch, y antes que él haya podido verme le examino con atención.
Su rostro serio, pensativo, no es el de un loco. Camina lentamente, con los ojos bajos, sin mirar en torno… Lleva bajo el brazo una tabla con una hoja de papel encima, donde están dibujados algunos planos.
De repente vuelve la cabeza hacia mÃ, y al reconocerme avanza un paso.
—¡Ah! ¡Tú!… ¡Gaydón! —exclama—. ¡He escapado de tus garras!… ¡Soy libre!