Ante la bandera
Ante la bandera En efecto, puede creerse más libre que en Healthful-House. Pero mi presencia despierta en él malos recuerdos, y tal vez va a determinar una crisis, pues me interpela con una excitación extraordinaria:
—¡SÃ…, Gaydón! ¡No te acerques!… ¡No! ¿QuerÃas volver a cogerme, llevarme contigo?… ¡Jamás! ¡Tengo aquà amigos que me defiendan! ¡Son poderosos!… ¡Son ricos!… ¡El Conde de Artigas es mi comanditario! ¡El ingeniero Serko mi socio!… ¡Vamos a explotar mi invento! ¡Aquà fabricaremos el Fulgurador Roch! ¡Vete!… ¡Vete!
Tomás Roch es presa de un verdadero furor. Al mismo tiempo que su voz se eleva, sus brazos se agitan y saca de su bolsillo fajos de billetes de Banco. Después, monedas de oro francesas, inglesas, americanas, alemanas, se escapan de sus dedos. ¿De dónde le viene este dinero sino es de Ker Karraje, y como precio del secreto que le ha vendido?
Al ruido de la penosa escena acuden algunos hombres, que nos observaban a corta distancia. Cogen a Tomás Roch, le arrastran…

Desde que está lejos de mà no opone resistencia, y recobra la calma del cuerpo y del espÃritu.