Ante la bandera
Ante la bandera —Dentro de ocho dÃas —dice Ker Karraje— espero darme al mar en la Ebba, y traeré las diversas piezas que deben estar terminadas en la fábrica de la Virginia.
—Y cuando estén en nuestro poder —responde el ingeniero Serko—, yo me ocuparé en el montaje Pero será preciso proceder a un trabajo que creo indispensable.
—¿Y que consistirá…?
—En agujerear la pared de nuestro islote.
—¡Agujerearla!
—¡Oh! Solamente un estrecho pasillo que dé paso a un hombre solo, una especie de ramal fácil de obstruir y cuyo orificio exterior será disimulado entre las rocas.
—Y ¿para qué, Serko?
—He reflexionado a menudo en lo útil que serÃa tener comunicación con el exterior, independientemente del túnel submarino… No se sabe lo que en el porvenir puede acontecer…
—Pero esas paredes son tan espesas…, de una sustancia tan dura… —hace observar Ker Karraje.
—Con algunos gramos del explosivo Roch —responde el ingeniero Serko—, yo me encargo de reducir la roca a un polvo tan fino, que no habrá más que soplar para conseguir lo que deseamos.