Ante la bandera
Ante la bandera Cuando no estamos más que a unos diez metros, mando parar. Interrumpida la corriente, el Sword se detiene, llena sus compartimientos de agua y se sumerge con lentitud.
Se enciende el globo eléctrico, designando en la parte sombrÃa de la pared una especie de cÃrculo negro que no refleja los rayos eléctricos.
—¡AllÃ!… ¡AllÃ!… ¡El túnel! —exclamo.
¿No era ésta la puerta por la que iba a escapar? ¿No era la libertad lo que me esperaba al otro lado?
El Sword se dirige dulcemente hacia el orificio.
¡Ah! ¡Terrible trance! ¿Cómo he podido resistir este golpe? ¿Cómo mi corazón no se ha hecho pedazos?
Una luz vaga aparecÃa entre las profundidades del túnel, a una distancia menor de veinte metros… Esta luz, que avanzaba hacia nosotros, no podÃa ser sino la proyectada por el barco submarino de Ker Karraje.

—¡El tug! —exclamo—. ¡El tug, que vuelve a Back-Cup!
—¡Máquina atrás! —ordenó el teniente Davón.
Y el Sword retrocede en el instante en que iba a penetrar en el túnel.