Ante la bandera
Ante la bandera —De forma que una escuadra enviada por las potencias marÃtimas interesadas en la destrucción de este islote, no vacilarÃa en aproximarse y lanzar sobre él sus proyectiles. Y puesto que tal cosa no ha sucedido hasta la fecha, es que no debe suceder y que nada se sabe de lo que concierne a Ker Karraje. Y… esta hipótesis es la más feliz para vosotros.
—¡Sea! —responde él—. ¡Lo que ha de ser, será! Que se sepa o no, si se acercan navÃos de guerra a cuatro o cinco millas del islote, serán destrozados antes de hacer uso de las piezas.
—¡Sea! —digo yo a mi vez—. ¿Y después?
—¿Después?… ¡La probabilidad de que otros no se atreverán a correr el mismo peligro!
—¡Sea también! Pero esos navÃos os atacarán fuera de la zona peligrosa; y, por otra parte, la Ebba no podrá volver a los puertos que antes frecuentaba el Conde de Artigas, y ¿cómo proveeréis de vÃveres el islote?
El ingeniero Serko guarda silencio.
Esta pregunta, que ya ha debido preocuparle, carece de respuesta, y yo supongo que los piratas piensan en abandonar a Back-Cup.
Sin embargo, no queriendo dejar sin respuesta mis observaciones, dice:
—Siempre nos quedará el tug, y lo que la Ebba no pueda hacer lo hará él.